miércoles, 10 de agosto de 2011

Curiosidad...



Hoy, 10 de agosto de 2011, tengo curiosidad, ganas de saber qué es lo que te mueve a ti, amigo mío, qué es lo que te mueve para trasladarte 11000 kilómetros, para esperar una cola de horas a 45ºC.
Hoy, siento curiosidad por ti y me pongo en tu piel, pero sin cámara colgada al cuello, sin calcetines con chanclas y sin esos sombreros y gafas que os hacen inconfundibles.
Me he dado una vuelta por la medina para intentar comprenderte, me he llegado a la mezquita, por la mañana temprano, cuando apenas nadie hay, a la hora en la que los antiguos moriscos de al-Andalus pasan por ahí, para rezar si pueden a escondidas, mirando al mihrab.


He paseado por ese bosque de palmeras que forman sus arcos, en silencio, mientras la tenue luz del amanecer entra por algunos ventanales con forma de estrella y van iluminando el suelo de mármol y algunas columnas, era mágico, ese silencio, donde me pude encontrar a mí mismo, donde puedes pensar libremente, sólo parece hacer ruido el débil recorrer del viento entre sus arcos. He acariciado sus columnas, frías como el hielo, he respirado el aroma, ese aroma que te lleva al pasado, es como una ficticia máquina del tiempo que te traslada al pasado, aunque sin verlo, lo sientes, sientes el latir de las almas que por allí pasaron desde hace cientos de años.
El día va despertando y sus callados muros acogen en continua sucesión la sutil devoción y el incesante asombro. Ecos de otro tiempo respiran en su interior, poco a poco la luz se va extendiendo apenas siguiendo el pincel de la mirada y la voz de las piedras suena y late el corazón de los hombres que con anhelos y esperanzas comparten su plegaria pronunciada y profunda y, poco a poco parece la luz llamarte entonces a observar lo que esconde y llegas al bello lugar del que emanan los latidos de los tiempos ancestrales, indefinible, impronunciable, ¿una puerta, quizás, que simboliza la entrada, la acogida? indescriptible, simplemente la observas mientras a ritmo frenado la luz va iluminando esas letras escritas en oro, esos símbolos que significan tanto pero qué no sabes ni como mirarlos, rodeados de flores y decoración de todos los colores imaginables e inimaginables.

 Entonces subes la mirada y sólo te queda abrir la boca y contemplar..el techo, la cúpula, así lo llaman, pero eso es una flor de oro, que como gotas de rocío caen finas líneas doradas en su interior...misterio intangible, lugar donde estás sólo pero te sientes vivo, donde ya no tienes problemas, porque los puedes solucionar allí, con sólo echar un vistazo, te das cuenta de que la vida es mucho más, el espacio, el aire de ahí dentro te rodea y te envuelve en su regazo y entonces, amigo mío, es cuando te puedo entender.


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